martes, 20 de septiembre de 2016

Sombra frágil.

       Sonreír cuando te olvidaste del mundo por un minuto. Tumbado boca arriba al fin, cerrando los ojos, divagando. Una lucha a fuego contra ti mismo, ahogando aquellos fantasmas que siguen tus pasos. Llega a parecer irónico que eso que tanto te llena de vitalidad, que te hace ser tú, eso que enorgullece tu sentida visión de lo que te ha formado; acabe siendo el punto álgido que te lleva a externalizar ese grito ahogado de "se acabó".

       Odio, a la vez que extraño, el transcurso lento de las horas del reloj. El perfecto silencio que únicamente interrumpe mi respiración. Me abruma la sensación de pensar. Sin más dilación, me dejo llevar. Y, durante ese tiempo, aprendo a entenderme. A ver qué hay más allá de lo que, en realidad, reluce tras los andamios de la apariencia. No soy igual, no; estoy harto de lo que muestra el espejo me quiera engañar.

       Ya no me angustia cruzar la puerta y sentir el impacto de lo que intuyo que mi propia casa me depara. Es más, lo reto. Y decido buscar refugio en el paso de las hojas del libro que, a veces, pierdo por intentar imaginar mi propia historia. Tan distinta a la verdadera, pero a la vez tan semejante. Lo cierto es que es muy viva, pero tiene límites. Los que no quiero ver, pero anhelo desde la última vez que me senté en la cama a planearme a mí mismo.


       Me he quedado solo, sí. Y lo estaba deseando.


jueves, 1 de septiembre de 2016

Ventana abierta.

       Algún día nos sentaremos. Frente a frente, de verdad y sin complejos. Entre mirada y mirada, esquivos. Habrá tiempo para recordar lo vivido, esos días que han pasado y que nunca tendrían que haber acabado. La sensación de vacío que reina cuando se ha desvanecido y la maravillosa alegría que acontece cuando lo has tenido.

       Mirando al futuro, habrá que darse cuenta que el tiempo no se ha congelado. El camino sigue su curso, así es esto: nacidos para encapricharnos, viviendo para ser desengañados.
Y mientras tanto, me queda únicamente el recuerdo del borrador que en silencio escribí aquella mañana, mientras divisaba lo que deparaba el final del camino. Ese que de verdad plasma lo que llego a haber sentido.

       No pretendo que me invada la rabia que finalmente me ha estallado en la cara, de repente y sin aviso alguno. Bonito es lo que resta desde el minuto uno. Cuando nadie te ha obligado, ha crecido y con esfuerzo se ha mantenido. Los momentos irreemplazables, por los que has luchado y tanto has deseado sin querer, solo y sin pedirlo.

       Porque si algo del valor que traigo se ha sentado hoy en la silla, es por querer intentarlo. Porque no me he equivocado. Porque sé que no ha terminado. Porque al fin y al cabo, lo he pensado.
Ese mal no mata la esperanza que te empujó.

Y mientras tanto, espero.

Queriendo, pero sin poder mirarte a los ojos.